6. Domingo 7 de agosto

Temprano me encontré con el Pocholo. Cargué las herramientas, algo de comida y coloqué la batería que había llevado a cargar el sábado. La probé y debo reconocer que el cargador de Alino hizo un buen trabajo.
Acomodado en el muelle flotante de la Guardería pasé revista al inventario y controlé los elementos antes de zarpar.
Fue una grata sorpresa comprobar que el viaje del viernes había consumido muy poco combustible, aunque todavía no posible hacer una medición exacta y un cálculo preciso. Será necesario tener un medidor o preparar una varilla graduada para acercarme a la realidad.
Hermosa la sensación de una suave navegación. Tranquilo el Arias con poco tráfico. Negociamos fácilmente el arribo al muelle Las Marías.
El SSE de entre 15 y 20 km/h resultó más fuerte que la corriente frenada por la misma sudestada. La maniobra de amarre nada tuvo que ver con la acostumbrada con el Otto Eber. Los espacios necesarios son mucho más grandes y los troncos caídos cerca del muelle no permiten la amarra en el sentido de la corriente. Finalmente encontré la posición aguas arriba del muelle, entre éste y una linga amarrada a un árbol de la costa que con cabo largo permite el acceso al barco, arrimándolo o alejándolo del muelle sin desatarlo.

La pilotina necesita flotar libre, alejada del muelle que parece ser su peor enemigo para la conservación de sus bandas por la altura.
El sereno descanso del día nos permitió jugar algunas vivencias juntos, como en la tranquilidad de un encuentro íntimo, comenzamos a develar los misterios, las virtudes y las necesidades de cada uno... Fue maravilloso...
La vuelta a Dique, previo paseo por la continuación del Guayracá, no hizo más que confirmar nuestra simbiosis. El camino de vuelta, el mismo que tantas veces transité, esta vez tenía otra luz y me vio pasar con una sonrisa y una gran felicidad...
Gracias amigo por tanto, hasta la próxima...

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