domingo, agosto 28, 2005

8. Primer derrotero oficial.



Domingo 28 de agosto

Temprano emprendí el camino hacia lo de Maricel. A las 9.45 la pasé a buscar con Ale y seguimos viaje hacia la Guardería.
Dedicamos la mañana a realizar algunos trabajos en el Pocholo.
Cumplimos con la ya casi costumbre de ponerlo en una cama baja y esta vez, con la ayuda de Alino conectamos la alimentación del nuevo tablero. La bomba de achique y el ecosonda a sus respectivas llaves del tablero y el resto preparado para recibir los demás elementos eléctricos. Reubicamos el transductor ya que no funcionaba bien donde estaba instalado. Colocamos el dinette de proa e improvisé una base para el tanque de nafta para permitir la ubicación del transductor del ecosonda y la colocación fija de la bomba de achique.
En la guardería quedó el espejo auxiliar para que lo coloquen en la semana y poder probar el Mercury 15 HP.
El equipamiento en general ya está casi listo, sólo algunos detalles quedan pendientes, aunque creo que nunca se va a acabar la intención / necesidad de hacerle mejoras y proveerle elementos por gusto o por placer. ..


Al mediodía almorzamos en La Palmera. Pastas caseras, ñoquis con tuco para tres, según dicen amasados por el mismo Víctor , su dueño, aunque yo todavía no lo creo… de igual manera…. ¡!recomendable!!!. igual que el patio de cerveza a orillas del río Luján, una delicia para el verano ….

Una vez que terminamos, bajamos el Pocholo al agua y zarpamos.
Era el Primer Paseo Oficial del barco, el que tuve el placer de efectuar con el infaltable Alejandro y la capitana Mari haciendo sus primeras armas fluviales…
El derrotero fue por el Luján hasta el Arroyo Guayracá y por este enfilamos hacia el Canal Arias.
Una vez que dejamos el Luján y cruzamos la boca del Guayracá me llevé la sorpresa de encontrarme con un arroyo muy poblado en sus primeros tramos. Mis recuerdos de hace casi quince años atrás nada tienen que ver con lo que vi. Las márgenes con frondosa vegetación volcada sobre el arroyo en casi todo el recorrido y en el tercio del lado del canal Arias más raleado y con casuarinas sobre la costa igual que éste.

Para navegarlo, el arroyo sigue siendo lo mismo, estrecho , especialmente en algunos lugares y curvas, con las bocas de algunos aguajes cubiertas de juncos y vegetación que los hacen prácticamente irreconocibles, y la boca del segundo brazo del Guayracá, que también llega al Luján, está totalmente bloqueada. Las profundidades en el centro son de 1,20 ó 1,30m llegando en algún lugar a 1,50m y en otros apenas de 0,80 o 1,00 m lo que me confirma que es en realidad navegable en todo su recorrido sólo por botes y embarcaciones menores. Su navegación con la pilotina y embarcaciones que necesitan de 0,80 ó 1.oo m mínimo sólo es conveniente en los momentos de crecida por sobre el metro ó 1,20m en la Guardería.

Alejandro piloteó el barco perfectamente, haciendo también sus propias experiencias en la lectura de la superficie del agua y en la elección del curso. Cuidadoso sorteó los bajos en los que levantaba arcilla del fondo con la hélice hasta que llegamos a unos seiscientos metros de la desembocadura en el canal Arias. Un árbol caído impidió el paso. Me fui a proa a guiar su maniobra y encaramos lentamente hacia babor para ver si se podía pasar por un pequeño claro junto a la costa, pero era imposible, sólo hubiéramos podido pasar con el OTTO EBER. Caímos a popa y maniobramos para virar y desandar el camino de vuelta al Luján y por éste al Arias, llegando a la isla Otto Eber donde pasamos el resto de la tarde.


Con la vuelta a la Guardería la travesía llegó a su fin. Pero no es del todo cierto que sea un final, porque habrá que volver…